Ático en Valladolid.
Un proyecto residencial donde amplitud, luz y continuidad construyen una atmósfera serena, equilibrada y profundamente habitable.
Una forma más abierta de entender el interior.
El proyecto se plantea desde el equilibrio: ordenar el espacio sin restarle ligereza, conectar las distintas áreas sin perder su identidad y construir una atmósfera donde arquitectura, mobiliario y luz puedan convivir con naturalidad.
Un interior que se entiende como un conjunto.
El interior se entiende como un conjunto continuo, donde cada ambiente participa de una misma sensación de orden, ligereza y calma visual.
Dejar que el espacio respire también es parte del diseño.
No todo necesita ocupar, decorar o destacar. El vacío, la proporción y la relación entre las piezas forman parte de una composición capaz de sentirse equilibrada y permanecer en el tiempo.
Espacios conectados. Momentos distintos.
Diseñar desde el equilibrio.
Amplitud
Favorecer una lectura abierta del interior y una relación natural entre las diferentes zonas.
Luz
Utilizar la luminosidad como parte activa de la atmósfera y de la percepción espacial.
Calma
Reducir el ruido visual para que arquitectura, mobiliario y materia encuentren un equilibrio común.
Cada elemento encuentra su lugar.
Una misma atmósfera en toda la vivienda.
El valor del proyecto aparece en la relación entre sus partes. Cada espacio conserva su función, pero comparte un lenguaje visual capaz de dar unidad al conjunto.
Una misma intención en cada rincón.
Serenidad que conecta cada espacio.
Un interior pensado para sentirse ligero.
La propuesta busca construir continuidad y serenidad, dejando que cada decisión encuentre su lugar sin competir con el conjunto.
Cultura natural